E D I T O R I A L

¿Buscas un asistente o un profesional?

Después de años en la industria, hay una pregunta que me sigue encontrando.

Durante mucho tiempo me he visto en el mismo punto: ese momento en el que el cliente y yo intentamos descubrir, juntos, qué es lo que realmente está buscando.  Y estamos hablando de bodas; probablemente uno de los eventos más cargados emocionalmente en la vida de una persona.

Lo que he descubierto es que la mayoría no lo sabe con claridad.  Y eso no es una crítica, es simplemente la realidad.

Planear una boda no es algo que se practique.  No existe un ensayo previo.  Para la mayoría es la primera vez y, con ella, llegan las expectativas, las opiniones externas y una presión inmensa por lograr que todo salga perfecto.

¿Pero perfecto según quién?

Existe una idea muy instalada de que organizar un evento es algo sencillo; que con inspiración, algunas referencias de Pinterest y muchas ganas de celebrar, cualquiera puede lograrlo.

Y sí, a todos nos gusta celebrar.  Incluyéndome.

Pero una cosa es disfrutar una fiesta y otra muy distinta es sostener las emociones de dos familias, coordinar equipos, anticipar imprevistos y construir una experiencia que será recordada durante años.

Eso no es solamente ejecución.  Eso es un oficio.

Y aquí aparece una pregunta que me ha acompañado muchas veces: hay quienes buscan un profesional y hay quienes buscan un asistente.  Los dos perfiles existen; ninguno está mal.

El problema aparece cuando uno espera una cosa y contrata otra.  Porque no todas las personas buscan acompañamiento. Algunas desean a alguien que ejecute sus decisiones; otras necesitan delegar el peso operativo del proceso y otras buscan una guía que aporte criterio, experiencia y dirección.

Son necesidades distintas.

Existe además un fenómeno muy particular en este mundo: antes de poder hablar realmente con quien va a casarse, muchas veces aparece primero el filtro emocional.  La mejor amiga, la familia, las personas que aman profundamente y quieren proteger.

Y el amor detrás de eso es genuino.  Pero parte de nuestro trabajo también consiste en descubrir qué quiere realmente la pareja, más allá de las expectativas externas.

Porque una boda puede tener muchas voces alrededor, pero solo una historia central.

Con el tiempo también he aprendido algo más:

los límites suelen revelar mucho.

No hablo de límites arbitrarios.  Hablo de los límites profesionales; esos que existen para cuidar el proceso, proteger los resultados y sostener la salud emocional de quienes participan en él.

Y, curiosamente, los proyectos más armoniosos suelen compartir algo: confianza.

Confianza en el criterio, confianza en el proceso, confianza en que la relación profesional no está basada únicamente en ejecutar, sino también en acompañar.

Establecer límites desde el primer encuentro no es un filtro frío; muchas veces es el primer acto de cuidado hacia el matrimonio que está comenzando.

Lo más difícil sucede cuando las expectativas nunca estuvieron alineadas.  Cuando una parte esperaba ejecución y la otra acompañamiento.  Cuando las señales estaban ahí desde el principio y nadie se atrevió a nombrarlas.

Por eso hoy creo que educar al cliente también hace parte de nuestro trabajo.

Significa sentarse y preguntar: ¿qué tan involucrado quieres estar?, ¿qué tipo de experiencia esperas vivir?, ¿buscas criterio y acompañamiento o solo apoyo operativo?, ¿qué relación profesional quieres construir?

No hay respuestas incorrectas.

Pero sí existen relaciones profesionales más compatibles que otras.

Ceder hace parte del proceso.  Saber hasta dónde ceder también es profesionalismo.

Si estás pensando en contratar a alguien para tu boda, antes del presupuesto, antes del portafolio y antes de las referencias, quizá valga la pena hacerte una pregunta más profunda:

¿Qué tipo de acompañamiento quieres vivir?

Porque eso puede cambiarlo todo.

Y si estás del otro lado, si formas parte de este gremio hermoso y exigente, recuerda esto: decir que no a tiempo también es una forma de cuidar el trabajo.

by Ivonne Arias

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